jueves, 10 de julio de 2014

Ximena

Pasó días sin decir una palabra. No salía de su cuarto, todo el día estaba escribiendo y leyendo, eso se volvió una obsesión, me escribía y borraba una y otra vez, me hacía los senos grandes, las piernas largas, labios carnosos o labios delgados, piernas cortas y senos pequeños, las combinaciones variaban, de acuerdo a su estado de ánimo o el horario en que me describía; me vistió de granjera, enfermera, estudiante, en todo tipo de situaciones, en lo único que me encontraba era en los adjetivos, nunca los tocó, sólo los evaluaba y los releía para encontrar mi físico y ropa adecuada. Un día su amiga Daniela lo visitó, eso nunca había pasado, y cuando ella se fue, me vistió con uniforme azul igual que ella, me cambió el color de cabello a negro y lo cortó a la altura de mis orejas, volvió mis labios rojos, me adelgazó y estiró un poco, borró mis palabras para cambiarlas solo por sonrisas, imitando su timidez; por eso agudicé mi oído, y ahora podía escuchar sus sueños, la soñaba a ella, siempre el mismo sueño, "danielita" decía, eso también lo oía.

Él estaba balbuceando un día y me atreví a hablar sin su autorización, o al menos eso escribió, porque mis pensamientos y mi voz era suya, "siempre me conociste en tus sueños" me hacía decir una y otra vez, y poco a poco ponía en mis pensamientos palabras que él quería escuchar de ella. Aún así, nunca era suficiente, terminaba cambiándome parte a parte, hasta convertirme en otra, no su amiga Daniela, sino la que ahora rondaba de noche en la oscura habitación de su cabeza, Ximena, ella era mucho más bella que Daniela y yo, él no alcanzaba a plasmar esa belleza  en mí, y no la podía encontrar con Daniela. 

En su cabeza, Ximena lo consentía a diario, recorría su cuerpo, se entregaba a sus deseos, sin embargo, él siempre quería más, entonces buscó cómo representar todo esto con Laura un maniquí que estaba junto a la hoja que me describía, él mismo se había encargado de volverla igual que nosotras tres, cosió el uniforme azul puntada a puntada, cortó su cabello y lo tinturó de negro, pintó sus ojos oscuros y depiló las cejas igual que Daniela, aún así, sin vida para satisfacerlo. Él jugaba con Laura, la tiraba a su cama, imitaba esa voz que nos espantaba a Ximena, Laura y a mi, porque Daniela no la conocía, desde que él hizo cambios no la dejaba entrar a su cuarto, pero ella iba, nosotras la escuchábamos, y rogábamos que entrara, está sería la única forma de parar todo, que descubriera lo que él escondía, pobre ingenua, solo se reía y contenta se despedía de él. Poco a poco me fue olvidando, ya había conseguido lo que quería de mi, más que un diario, una observadora, sí , yo era testigo de todo lo que hacía, lo que deseaba de cada una de nosotras; un día ya no le bastó con lo que eramos, ese imaginario, esas situaciones, quería a Daniela en persona todo el tiempo, sentir todo lo que escribía conmigo, lo que interpretaba con Laura, lo que imaginaba con Ximena, así que planeó todo, esperó estar solo, arregló su cuarto, le mandó mensajes anticipando su encuentro, escondió sus libros, por supuesto ocultó antes a Laura, porque a Ximena la disimulaba y a mí claramente no me notaría.

Daniela entró, se sentó, se arregló su cabello, casi no hablaba, solo sonreía a todo lo que escuchaba, él se le acercó y le besó primero los ojos, luego las mejillas, el cuello, imposibilitándola para decir que no, deslizó su cuerpo hasta pegarlo al de ella y le besó sus labios, senos, piernas, recorrió el caminar de su cabello por la espalda... Desde donde me encontraba, no podía ver mucho, escuchaba sus quejas, sus gemidos, hasta que dejé de oírla y ella se fue haciendo cada vez más pequeña, hasta que también la dejé de ver; más tarde él se levantó, limpió nuevamente su cuarto, se bañó, vistió, durmió y soñó con Juliana. Mañana me vestirá diferente.

Anny Nathalia Romero Arteaga
Licenciada en literatura
Anny.nathalia@gmail.com

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