viernes, 1 de agosto de 2014


El tiempo hoy se detuvo mientras te esperé.
Te busqué, en tu larga y fría ausencia,
en un mar triste donde no estabas.
Debajo de mi cama me lastimó tu ropa,
y extrañe tu presencia en la música que te recuerda,
en un largo poema que leí en la tarde
pero solo el viento narraba tu ausencia.
Solo aquel fue testigo de mi carencia,
porque solo te encontré en mis recuerdos,
mientras desaparecías de mi memoria.

jueves, 10 de julio de 2014

LA ACTUAL RESPONSABILIDAD CON LA MUERTE QUE ASUME EL HOMBRE CONTEMPORÁNEO REFLEJADA EN LA LITERATURA.


                                                            La muerte (…) es en otras palabras descansar para siempre,                                                                           estar a salvo de la intolerancia, del mal o del bien.                                                                                 Es todo, es sencillo y natural por más que nos aflija tanto.”

René Avilés Fabila

Las expresiones artísticas son los ojos de la vida. La literatura, al ser una de las bellas artes, es por lo tanto una representación de nuestros amores, viajes  y lutos, temas que han naufragado a través de los años en diferentes letras e historias. La muerte, un tema tan recurrente y ordinario no se ha quedado atrás en las narraciones de la literatura; de hecho, gracias a la literatura es posible percibir un cambio de perspectiva y diferentes cuestionamientos frente a  la responsabilidad con la muerte que asume el hombre contemporáneo. El lector, reflejado en estas historias ficcionales,  ha empezado a generar diferentes discusiones frente al individuo y su relación con la vida como una posesión, ya que si realmente es mi vida la que está en cuestión, debo tener  el derecho de renunciar a ella cuando  lo desee. 

Contemporáneamente, el ser humano ha asumido el papel  de individuo, capaz de tomar decisiones autónomas en diferentes aspectos de la vida, transgrediendo las ideas y convenciones que a lo largo de la historia han sido implantadas por diferentes instituciones, religiosas, políticas o culturales. Uno de estos aspectos, es la posición que el hombre asume frente a la muerte y el suicidio, ya que se ha creado una necesidad por otorgarle al individuo el derecho privado sobre su cuerpo, desprendiéndolo de las decisiones generales de la cultura y el Estado; pero también es cierto, que todavía dichas instituciones ejercen un papel importante en el imaginario colectivo, sobre todo en países que aún conservan culturas represivas.
                                            
Hay diferentes formas a las que una persona puede acceder para suspender su propia vida, entre ellas está la eutanasia, el suicidio asistido y el suicidio. A nivel mundial, hay diferentes organizaciones en pro y en contra de la despenalización de dichas formas de darle fin a la existencia, ya que se encuentran con diferentes paradigmas que tienden además a contradecirse, por ejemplo, en el caso de la bioética y la medicina, se cuestionan sobre si lo correcto es salvar la vida del paciente sin importar los métodos y las herramientas que deban usar, o generarle un bienestar que le permita tener una vida digna.

Algunos enfermos terminales ven la eutanasia como un descanso; sin embargo, en la mayoría de los países no es legal brindársela, impulsados por el miedo de que en el futuro se entienda la eutanasia no como un derecho sino como un deber morir. Para contrarrestar el posible miedo que sienten las personas a que dicha idea se haga realidad, pienso que es importante recalcar que existe el derecho a la vida, y que en caso de que la eutanasia fuera legal y el suicidio no estuviese condenado moralmente, sería decisión de cada individuo finalizar con su vida en el momento que escogiese, por lo tanto, a estas personas que viven con este miedo, es necesario aclararles, que ante todo, existe el derecho a la vida,  es decir, las personas tendrían entonces en sus manos no solo el derecho a vivir y morir, sino además cómo quiere vivir y cómo quiere morir.

Por el momento dejaremos a un lado la eutanasia y el suicidio asistido, para concentrarnos en lo que René Avilés Favila llama en su libro Réquiem por un suicida (2000) muerte voluntaria. La muerte voluntaria es la decisión que toma una persona sobre  el  momento de su muerte,  eligiendo el lugar y la forma; en el momento de ejecutar el acto, es necesario que el suicida se encuentre en plena conciencia y en completo uso de sus facultades mentales, siendo consciente de sus actos y de las consecuencias a las que lo llevan sus acciones, es decir, el individuo que opta por una muerte voluntaria reflexiva no padece de ninguna enfermedad mental relacionada con la psicosis, esquizofrenia, melancolía o depresión. Los individuos que escogen un suicidio reflexivo o una muerte voluntaria, son personas que con autodeterminación, ven la opción de quitarse la vida como un derecho.

Esta situación la podemos entender de manera más simple: sí yo como individuo realmente soy dueño de mi existencia, debo tener el derecho de tomar decisiones sobre mi vida, incluyendo por supuesto la forma y el momento en el cual puedo prescindir de ella sin que el Estado o instituciones religiosas intervengan en mi decisión.

La literatura como un reflejo de la vida, se ha encargado de brindarnos diferentes ejemplificaciones de la muerte voluntaria. En la novela Réquiem por un suicida, Gustavo Treviño, personaje en quien nos detendremos más adelante lo resume así: “Lo más adecuado es recurrir a la literatura: Allí están todas las variantes de la muerte voluntaria y así mismo están las explicaciones más densas y lúcidas” (Réquiem por un suicida, 2000)

El suicidio en la literatura es perceptible desde las tragedias griegas con Edipo rey (Sófocles, 1997), tenemos el caso de Yocasta que al enterarse de que es la esposa y madre del rey, realiza una trenza con sus cabellos y se cuelga de ella. Seguido a esto, en la Sagrada Biblia nos presentan el suicidio más nombrado del mundo, Judas carcomido por la culpa no soporta más su existencia después de traicionar al hijo de Dios y decide colgarse.  Posteriormente, tenemos el romanticismo en la literatura, cargado de suicidios por amor,  el ejemplo más representativo de éste, lo podemos ver en Las desventuras del joven Werther, (Goethe, 1974), cuenta la historia de un joven enamorado de una mujer comprometida que no puede darle su amor. Ofuscado por el matrimonio de su amada decide suicidarse. Como ellos, otros de personajes deciden abandonar sus vidas: Madame Bovary, Romeo y Julieta, Ofelia, son personajes literarios que han otorgado un valor a su vida, valor, que en un momento de sus historias se pierde y por lo tanto, simplemente se entregan a la muerte que está preparada para recibirnos a todos con sus brazos abiertos.

Réquiem por un suicida, es una novela, que guiada por la libertad de expresión defiende el suicidio desde todos los puntos de vista, creando al personaje nombrado anteriormente Gustavo Treviño, escritor exitoso y saludable, que tiene como propósito y como fin suicidarse después de finalizar su última novela.

A lo largo de la narración, Gustavo Treviño desarrolló  una idea clara del suicidio: no busca ningún valor moral o religioso para evitar suicidarse, todo lo contrario, su objetivo es llenarse de motivos para realizarlo, habla con sus amigos, conocidos y amantes libremente del tema, sin temor a ser juzgado de cobarde, valiente  o exhibicionista; este personaje tampoco se suicida por estar solo y viejo, ya que en su vida ha encontrado compañeras sentimentales dispuestas a seguirlo en sus deseos; no sufre de depresión y muestra de esto es que quiere conseguir su suicidio en plena felicidad, cuando termine su obra y se sienta realizado, es decir, no quiere suicidarse en fracaso.
Me cuido de las enfermedades, conservo la salud con esmero,  soy organizado con las cosas para no crear dificultades a mis amigos. Todavía hace poco fui al hospital a una revisión general. Y es que hago preparativos para la muerte, quiero llegar al suicidio –concluir mi viaje a Itaca- en perfecto estado de salud, con mis condiciones físicas e intelectuales completas. No deseo entregarle, como la mayoría, un despojo a la muerte, no si la amo. (Avilés, 1993, p.34).
Gustavo Treviño tampoco es un enfermo mental, ya que los argumentos que plantea para conseguir y alcanzar dicha muerte voluntaria son coherentes y fundamentados en citas literarias y sociológicas; tampoco es consecuencia de un impulso, ya que a lo largo de la novela y del desarrollo de su creación, reflexiona completamente el tema del suicidio, la muerte y la vida, construyendo argumentos válidos y reflexivos sobre su existencia; es decir, es una persona con una alta calidad de vida, que tomó una decisión basada en sus creencias, lo cual lo justifica de forma simple: “…Es probable que me haya enamorado, pasionalmente del suicidio. Total, la muertes es una mujer, ¿no?” (Avilés, 1993, p.27).
El protagonista de esta novela, nos muestra una realidad donde el individuo se manifiesta en todo su ser, con decisiones y acciones que antes parecían no pertenecerle. Es un ser del cual no depende nadie, a su vez él tampoco lo hace, ya que no hay nadie, ni un intenso amor que lo persuada de no suicidarse. Por tal razón, se cuestiona sobre la carencia de al menos una sociedad avanzada, en la cual se acepten las decisiones individuales de las minorías: “Se necesita de otra ética, de otras costumbres, de otras leyes, de religiones distintas. Hemos llegado al siglo XXI arrastrando los fardos de aquellos que creyeron ver un pecado más grave en el suicidio de Judas que en la entrega de Cristo a sus enemigos” (Avilés, 1993, p.111).

Es decir, necesitamos una sociedad que respete e interiorice las necesidades individuales, que obedecen a situaciones particulares y las acepten como tal, como lo son el consumo de drogas, el aborto, la eutanasia, y el suicidio, decisiones que como sabemos tristemente no son avaladas ni respetadas por ninguna religión o sociedad a cabalidad.  

El individuo que opta por una muerte voluntaria, y que escoge las condiciones en las cuales desea vivir y morir, no debería encontrar ningún tipo de argumento moralista, que prohíba ejecutar su suicidio, menos en el caso de que sea una decisión individual, basada en la libertad y derecho de elegir su muerte sin perjudicar a terceros.

La literatura, que por ser un arte tiene la libertad de indagar, cuestionar y transgredir diferentes ideas y temas culturales, siempre está poniéndonos en situaciones hipotéticas que nos invitan a salir de nuestros espacios de confort y necesariamente a definir una posición sobre nuestro contexto y la realidad de dichos temas. El tema el cual enfrentamos hoy fue la muerte voluntaria, por supuesto nos vamos con más interrogantes que verdades, pero con la certeza de que la idea seguirá en debate. Gustavo Treviño es entonces un personaje ejemplo para ilustrar desde la literatura el derecho  que está pidiendo el individuo contemporáneo a elegir sobre su existencia. 

Anny Nathalia Romero Arteaga
Licenciada en literatura
Anny.nathalia@gmail.com


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Avilés, R. (2000). Réquiem por un suicida. México, D.F.: Nueva imagen.

Caro, E. (2009). El suicidio y la civilización. Alcalá la Real, España: Formación Alcalá.
Charlesworth, M. (1996). La bioética en una sociedad liberalCambridge: Cambridge University press.
Farias, G. (2007) Muerte voluntaria. Sedación, suicidio asistido eutanasia, Buenos Aires, Argentina: Astrea.

Flaubert, G. (1974) Madame Bovary Bogotá, Colombia: Círculo de lectores Edinal Ltda.
Goethe, V. (1974). Las desventuras del joven Werther, Barcelona :Burguera S.A.
Shakespeare, W.  (1979)  Romeo y Julieta. Cali, Colombia: Editorial Nuevo Horizonte. 

_____________. (1992) Hamlet, España: Salvat editores, S.A.

Sófocles. (1997) Edipo. España: Editorial Credos S.A.


Ximena

Pasó días sin decir una palabra. No salía de su cuarto, todo el día estaba escribiendo y leyendo, eso se volvió una obsesión, me escribía y borraba una y otra vez, me hacía los senos grandes, las piernas largas, labios carnosos o labios delgados, piernas cortas y senos pequeños, las combinaciones variaban, de acuerdo a su estado de ánimo o el horario en que me describía; me vistió de granjera, enfermera, estudiante, en todo tipo de situaciones, en lo único que me encontraba era en los adjetivos, nunca los tocó, sólo los evaluaba y los releía para encontrar mi físico y ropa adecuada. Un día su amiga Daniela lo visitó, eso nunca había pasado, y cuando ella se fue, me vistió con uniforme azul igual que ella, me cambió el color de cabello a negro y lo cortó a la altura de mis orejas, volvió mis labios rojos, me adelgazó y estiró un poco, borró mis palabras para cambiarlas solo por sonrisas, imitando su timidez; por eso agudicé mi oído, y ahora podía escuchar sus sueños, la soñaba a ella, siempre el mismo sueño, "danielita" decía, eso también lo oía.

Él estaba balbuceando un día y me atreví a hablar sin su autorización, o al menos eso escribió, porque mis pensamientos y mi voz era suya, "siempre me conociste en tus sueños" me hacía decir una y otra vez, y poco a poco ponía en mis pensamientos palabras que él quería escuchar de ella. Aún así, nunca era suficiente, terminaba cambiándome parte a parte, hasta convertirme en otra, no su amiga Daniela, sino la que ahora rondaba de noche en la oscura habitación de su cabeza, Ximena, ella era mucho más bella que Daniela y yo, él no alcanzaba a plasmar esa belleza  en mí, y no la podía encontrar con Daniela. 

En su cabeza, Ximena lo consentía a diario, recorría su cuerpo, se entregaba a sus deseos, sin embargo, él siempre quería más, entonces buscó cómo representar todo esto con Laura un maniquí que estaba junto a la hoja que me describía, él mismo se había encargado de volverla igual que nosotras tres, cosió el uniforme azul puntada a puntada, cortó su cabello y lo tinturó de negro, pintó sus ojos oscuros y depiló las cejas igual que Daniela, aún así, sin vida para satisfacerlo. Él jugaba con Laura, la tiraba a su cama, imitaba esa voz que nos espantaba a Ximena, Laura y a mi, porque Daniela no la conocía, desde que él hizo cambios no la dejaba entrar a su cuarto, pero ella iba, nosotras la escuchábamos, y rogábamos que entrara, está sería la única forma de parar todo, que descubriera lo que él escondía, pobre ingenua, solo se reía y contenta se despedía de él. Poco a poco me fue olvidando, ya había conseguido lo que quería de mi, más que un diario, una observadora, sí , yo era testigo de todo lo que hacía, lo que deseaba de cada una de nosotras; un día ya no le bastó con lo que eramos, ese imaginario, esas situaciones, quería a Daniela en persona todo el tiempo, sentir todo lo que escribía conmigo, lo que interpretaba con Laura, lo que imaginaba con Ximena, así que planeó todo, esperó estar solo, arregló su cuarto, le mandó mensajes anticipando su encuentro, escondió sus libros, por supuesto ocultó antes a Laura, porque a Ximena la disimulaba y a mí claramente no me notaría.

Daniela entró, se sentó, se arregló su cabello, casi no hablaba, solo sonreía a todo lo que escuchaba, él se le acercó y le besó primero los ojos, luego las mejillas, el cuello, imposibilitándola para decir que no, deslizó su cuerpo hasta pegarlo al de ella y le besó sus labios, senos, piernas, recorrió el caminar de su cabello por la espalda... Desde donde me encontraba, no podía ver mucho, escuchaba sus quejas, sus gemidos, hasta que dejé de oírla y ella se fue haciendo cada vez más pequeña, hasta que también la dejé de ver; más tarde él se levantó, limpió nuevamente su cuarto, se bañó, vistió, durmió y soñó con Juliana. Mañana me vestirá diferente.

Anny Nathalia Romero Arteaga
Licenciada en literatura
Anny.nathalia@gmail.com

miércoles, 2 de julio de 2014

Entendiste...

Entendiste la teoría de los campos de Bourdieu, el constructivismo de Vigotsky, la II guerra mundial, el comunismo de Trotski, la estructura social de Durkheim, el socialismo de Marx, la psicología de Freud; Viste el cine de Almodóvar, David Fincher, Stanley Kubrick, Alejandro Amenábar, David Linch, Tarantino; Estudiaste la antropología en la ciudad, redes familiares en el desplazamiento, el movimiento de la salsa en Sudamérica, el arte tropi-gótico; Aprendiste ortografía en español, Inglés, portugués, francés; Jugaste con el surrealismo de Dalí, el cubismo de Picasso, el pop art de Andy Warhool.Te dejaste llevar por las letras de Saramago, García Marquéz, Andrés Caicedo; te influenció la fotografía de Franco Fernell, lo "vampiros" de Carlos Mayolo, viviste un Cali Calabozo, una Cali mágica, Cali-Calentura.

...Entonces... ¿Por qué fue tan difícil que me entendieras?

Anny Nathalia Romero Arteaga
Licenciada en literatura
Anny.nathalia@gmail.com